Cooperación digital para el desarrollo económico.

La digitalización de documentos es un precedente que extiende las oportunidades de continuar mejorando los procesos internos y externos del sector gubernamental, para explorar el siguiente paso de evolución que incluso abre la posibilidad para la digitalización de la diplomacia pública.

Avances en digitalización


El sector gubernamental[1] ha evolucionado de manera importante la forma de interactuar con los ciudadanos, en México, hemos observado un gran avance en la digitalización de documentos, algunos ejemplos de ello son: los trámites de Actas de Nacimiento en línea, la consulta de CURP o la firma electrónica en SAT, por solo mencionar algunos. Este precedente extiende las oportunidades de continuar mejorando los procesos internos y externos, no solo en la expedición de documentos, sino para explorar el siguiente paso de evolución que incluso abre la oportunidad para la digitalización de la diplomacia pública.

En el paradigma propuesto por el Dr. Jay Wang, investigador y director del Centro de estudios de Diplomacia Pública de la Universidad de California (UCS), que propone la digitalización de la diplomacia pública[2], en donde por un lado plantea integrar herramientas tecnológicas como inteligencia artificial, realidad aumentada, IoT, redes sociales para complementar las políticas de diplomacia pública, y por otro lado, trabajar en conjunto con el sector privado para generar alianzas a fin de garantizar una estabilidad tanto en el mercado como en el mundo.

 


[1] El gobierno no es distinto en el modelo de negocio que, al sector privado, si bien el segundo está orientado a los clientes buscando beneficios en su mayoría financieros; el sector gubernamental debería proporcionar servicios orientados al ciudadano, ofreciendo resultados para los mandatarios y gobernantes en turno a través de la entrega eficiente y multicanal de los servicios.

[2] “La Diplomacia Pública no solo significa vender el país como un mensaje o incluso como una experiencia, es más una orientación del potencial que tiene, a tal punto que la audiencia se imagina adoptando las prácticas y la cultura como un estilo de vida. Tradicionalmente, la diplomacia se limitaba a ser una actividad ejercida por los Estados; sin embargo, en este contexto de transformación y disrupción digital ¿será posible una diplomacia pública digital?” (Wang, 2018)

Adopción tecnológica


Más allá de abrir el debate sobre la ejecución de una diplomacia pública para alcanzar los objetivos de política exterior, esta aseveración ofrece un preámbulo de cooperación entre diversos entes no estatales (como corporaciones y  organizaciones no gubernamentales) y sociedad civil en conjunto con los estados-nación, para lograr acuerdos de carácter formal para, no solo establecer y compartir las mejores prácticas en materia tecnológica, sino también como un nuevo paradigma para la elaboración de un marco jurídico transnacional sobre el uso de las nuevas tecnologías como Inteligencia Artificial, Deep Learning, Big Data; sin quebrantar los derechos humanos relacionados con la privacidad de datos y la liberta de expresión.

De acuerdo con Fadí Chehadé miembro asesor del Centro para la Cuarta Revolución Industrial del Foro Económico Mundial; esta transformación tecnológica ha propiciado la creación de aplicaciones alrededor del mundo que han favorecido a los habitantes de regiones en vías de desarrollo, particularmente expone el caso en el Este de África en donde las mujeres han mejorado su calidad a través de la tecnología con mayores resultados que incluso todos los esfuerzos de las Naciones Unidas durante los 50 años (Chehadé, 2019), también resalta el caso de Honduras, que por medio de prótesis de impresión 3D, ayudan a migrantes -que sufrieron algún tipo de amputación- a reintegrarse en la vida laborar; con la ayuda de UNDP, FAB LAB y el Gobierno de Dinamarca (PNUD Honduras, 2018) han mejorado la calidad de vida de algunos ciudadano.

En contra parte, herramientas y aplicaciones de Inteligencia Artificial y Deep Learning, han influido de forma poco positiva en la opinión pública alrededor del mundo, basta mencionar los interminables casos de Deep faking destinados a la desacreditación de algún partido político o candidato[1] en elecciones en de diversas naciones; donde la desinformación conlleva a noticias falsas que favorecen la segregación, el aumento en niveles de violencia y en algunos casos el resurgimiento del racismo.

Esto no significa que se deba pausar el ritmo de la adopción tecnológica, en este sentido IDC estima que hacia 2027, más del 10% de las aplicaciones a nivel mundial estarán desarrolladas por inteligencia artificial sin supervisión humana, por lo que las soluciones de inteligencia artificial continuarán siendo inversión con un CAGR 46.2% hacia 2021 (IDC, 2019).

 


[1] Basta recordar el último capítulo de Cambridge Analytics, que se vio involucrada en diversos escándalos por influir en diversos procesos electorales alrededor del mundo, a través de los datos recopilados de datos, patrones de comportamiento que, con ayuda de algoritmos matemáticos podían definir un perfil para disuadir o persuadir sobre algún candidato a través de desinformación tecnológica.

Promoviendo el debate


Lo pertinente sería abrir los debates a escala local y por supuesto con grupos interdisciplinarios, que desde sus áreas de experiencia y conocimiento, permitan un intercambio de conocimiento para no solo continuar con los esfuerzos de alcanzar la adopción masiva de tecnológica, sino crear una cooperación digital en pro del bienestar de los ciudadanos.

Bajo esta premisa, en 2018 se llevó a cabo el Panel de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre la Cooperación Digital, donde participaron representantes de compañías como Alibaba, Fundación Bill y Melinda Gates, eBay, por mencionar algunos; académicos; organizaciones no gubernamentales, y demás actores que trabajaron bajo el objetivo de una apertura del debate público a fin de impulsar la tecnología como medio para garantizar un futuro digital seguro e inclusivo y poder alcanzar los objetivos de desarrollo.

A una escala regional y de acuerdo con la CEPAL, el impacto económico de la digitalización en América Latina y el Caribe ha contribuido al 4,3% del PIB entre 2005 y 2013 (CEPAL, 2016). Este organismo, se ha encargado de divulgar publicaciones sobre el avance y las recomendaciones sobre el uso de tecnología para el fomento de datos abiertos, comercio digital e industrias 4.0. En México la inversión en Ciencia y Tecnología apenas alcanza el 0.5% de PIB; sin embargo, si requiere un impacto significativo en el desarrollo del país, esta cifra debería ser al menos equivalente al 1% del PIB, de acuerdo con Julia Tagüeña, coordinadora general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT). 

A nivel mundial, los esfuerzos de los Organismos Internacionales como la ONU han sido insuficientes para alcanzar a los cerca de 78 mil millones de habitantes. La tecnología y las aplicaciones de la tercera plataforma no solo son un habilitador de los negocios, sino un aliado para promover el bienestar social y alcanzar los objetivos de desarrollo como país y los pactados en foros internacionales. Promovamos el debate, abramos preguntas que generen diálogo interdisciplinario que nos permitan sentar las bases de la política internacional; así como la disrupción digital modificó la forma de viajar, consumir música y televisión, no descartemos que modifique la forma de hacer política internacional o incluso, política transnacional digital.

Autor


Monserrat Hernández, Analista de Servidores y Almacenamiento, IDC México

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